Carta de una voluntaria

¡Hola!

Me  llamo Ana y me siento muy AFORTUNADA por haber pertenecido al gran equipo de voluntarios en la Asociación La Casa Grande.

logovoluntariadoLCGYa hacía un tiempo que buscaba una ONG o asociación, donde realizar mi voluntariado, aprovechando algunas horas libres que tenía entre semana, pero siempre tenía las mismas dudas:  ¿Cuál elegir?  ¿Dónde? ¿Cuándo?

Llegué a ellos a través de Ceimigra, acudí a una reunión en la cual hablaron de la situación de los inmigrantes en España y allí un señora que coincidió sentada a mi lado me habló de La Casa Grande, una asociación valenciana de origen jesuita, donde no sólo tenían un magnífico proyecto llamado El Puchero, mediante el cual, ayudaban a usuarios en tema alimenticio, sino que también, ofrecían a los pequeños clases de refuerzo escolar, a los padres de muchos de ellos les impartían clases de español, luchaban contra la exclusión social y otras tantas cosas me contó que me gustaron.

Decidí acercarme a conocer esta “curiosa casa”.

Cuando Rosa me recibió, me encantó la forma de presentarme el proyecto, pero cuando conocí a Nuria, me cautivó, supe que detrás de esos brillantes ojos, estaba el esfuerzo y la dedicación de una persona que con mucho cariño, estaba al servicio de los que llegaban en primera acogida y alfabetización.

¡Quería quedarme colaborando a su lado!

Poco a poco fui descubriendo las “habitaciones” de esta Gran Casa Grande, en primera acogida, informando de las ayudas, con las citas para las entrevistas de empleo,  atendiendo las llamadas telefónicas o recogiendo donaciones de ropa que tan generosamente nos traían.

También tuve la oportunidad de acompañar a los niños en una excursión, donde pude comprobar, que los talleres de mediación que tutores/as y voluntarios/as impartían a los pequeños, ellos lo llevaban a su vida diaria, quedándome muy sorprendida de lo bien que se portaron a lo largo del viaje y como se divertían con respeto y tolerancia.

Aconsejaría tener la experiencia de ser “la profe” de español, es una de las más gratificantes.

He podido comprender el gran esfuerzo que hace una persona por integrarse en una cultura  diferente, sobre todo cuando algunos de ellos han tenido que huir de su país por estar en guerra, meter toda su vida en una maleta y dejar atrás su otra vida, su familia, sus amigos.

Escuchar sus ilusiones, sus inquietudes, me hace pensar:

¿Y si fuera yo?

¿Cómo me sentiría si tuviera que meter mis cosas en una maleta, abandonar mi casa, mi familia, mis amigos y vivir de los recuerdos, sin saber cuándo los volvería a ver?

Sigo visitando las “habitaciones“ de la Casa Grande y encontramos la excelente calidad humana y profesional de Angels, cuya atención psicológica personalizada, tanto a niños como a mayores, no pasa desapercibida.

Hay otras “habitaciones” de la Asociación La Casa Grande que no he podido descubrir, pero no me olvido “del piso de arriba”, donde el equipo trabaja para coordinar que todo lo citado antes sea posible.

Como voluntaria me llevo una experiencia muy enriquecedora, que recomendaría a todo el mundo y doy las gracias a La Casa Grande, por la confianza depositada y la magnífica acogida.

¡!  GRACIAS ¡!